Ser cetogénica significa adoptar un estilo de vida y no ‘hacer una dieta’.

La primera vez que leí sobre la dieta cetogénica pensé que era otra de esas locuras que prometen hacer perder peso sin esfuerzo alguno. Yo llevaba muchos años comiendo bajo en carbohidratos así que siempre estaba buscando recetas por internet. Empecé a notar que esos platos que más me llamaban la atención eran cetogénicos. Por esa razón, decidí investigar de qué se trataba la dieta y me encontré con una forma de vivir muy interesante.

La dieta cetogénica consiste en reducir el consumo de carbohidratos, ingerir la proteína suficiente para mantener nuestros músculos sanos, y aumentar el consumo de grasa para poder obtener de ésta la energía necesaria para mantenernos vivos. En otras palabras, ser cetogénico significa que nuestro combustible ya no proviene de la glucosa sino de la grasa que al ser metabolizada en forma de cetonas, viaja por la sangre ‘alimentando’ nuestros órganos.

Ahora, es importante aclarar que la dieta cetogénica no es como cualquier otra dieta baja en carbohidratos. Muchas dietas bajas en carbohidratos reducen su consumo, pero no lo suficiente como para que el cuerpo recurra a la grasa por energía. Por esta razón, con una dieta que simplemente reduce carbohidratos uno tiende a sentirse cansado, con frío y con hambre ya que se reduce la fuente principal de energía, pero no se reemplaza. De esta forma, la mayor diferencia entre una dieta baja en carbohidratos y la dieta cetogénica, es que esta última reduce los carbohidratos y los reemplaza con grasa para crear un balance. Por eso, contrario a lo que muchos piensan, uno se siente lleno luego de cada comida.

Entonces, en lo personal, no trato a la forma de alimentación cetogénica como una dieta que se hace por un periodo determinado sólo para perder peso. Para mí, la dieta cetogénica es un estilo de vida.